Betty Friedan - El cuestonamiento a la mítica feminidad

Betty Friedan

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos experimentó un auge económico que permitió a muchas familias cumplir el sueño americano, mudándose a viviendas muy confortables en zonas residenciales de las periferias urbanas. La imagen idealizada de la feliz vida hogareña se transmitía continuamente en los medios de comunicación a través de la publicidad, el cine y los programas de televisión, que reforzaban a su vez el protagonismo de la perfecta ama de casa como pieza fundamental para mantener armado el puzle «hogar, dulce hogar». A estas heroínas que siempre se mostraban impecables y con una sonrisa en la boca, rodeadas de sus retoños y maridos, se dirigían los anuncios de electrodomésticos, que llegaban para convertirse en sus mejores aliados. Las revistas femeninas publicaban cientos de artículos con las mejores recomendaciones sobre crianza, cocina, decoración, costura y demás ocupaciones que constituían el día a día de estos ángeles domésticos. Sin embargo bajo ese aparente paisaje idílico se vislumbraba otra realidad, ya que las expectativas creadas socialmente sobre el rol que las mujeres debían cumplir, poco espacio dejaban para que pudieran desarrollarse como personas independientes. En 1963, con la edición de La mística de la feminidad, Betty Friedan dio voz a esta situación, lo que la convertiría en una de las pioneras del movimiento moderno de la liberación de la mujer, y en la escritora de la obra de no ficción más vendida en su país.

Durante la llamada «Primera ola del feminismo», en 1920 se había conseguidoel derecho al voto de las mujeresa través de la aprobación de la decimonovena enmienda de la Constitución estadounidense. Las sufragistas veían cómo se cumplía el objetivo que las había unido en una larga lucha y que parecía ser el inicio de un inminente cambio hacia una sociedad más igualitaria. Pero todo ese potencial poder renovador fue aminorando su marcha, ya que a partir de entonces no resonaron nuevos logros sino que la discriminación sexista continuó siendo una constante en todos los aspectos de la vida. Las trabajadoras que habían conseguido un puesto laboral tras la marcha de los soldados a la guerra, vieron cómo su situación cambiaba con el retorno de los veteranos al finalizar el conflicto, puesto que debían renunciar a sus empleos para dejarles sus vacantes. Mientras que en países como Francia, Gran Bretaña y Suecia, el número de estudiantes universitarias creció entre 1930 y 1950, en Estados Unidos ocurrió lo contrario, e incluso aquellas que finalizaban sus carreras no encontraban muchas posibilidades de llevarlas a la práctica. En la década de los cincuenta, las expectativas culturales respecto al orden social adecuado seguían colocando al hombre como sostén económicodel hogar, y a la mujer, ciudadana de segunda clase, desempeñando su «mejor papel» en el ámbito privado. Fue este modelo de organización familiar el que acompañó en su crecimiento a Betty Friedan, nacida en Illinois en 1920 en el seno de una familia de inmigrantes judíos. Su madre abandonó una prometedora carrera como redactora en un periódico para dedicarse plenamente a su rol de progenitora y esposa, mientras su padre ejercía su profesión de joyero. Por su parte, Betty desarrolló su inquietud intelectual desde pequeña, estudió sicología en el Smith College y se graduó con honores, obteniendo incluso una beca para realizar un doctorado en la Universidad de Berkeley. Sin embargo con 22 años decidió trasladarse a Nueva York, renunciando a continuar la carrera académica comenzada en California un año antes.

Instalada en la Gran Manzana, Friedan trabajó como periodista en distintos medios escritos, alimentando cada vez más su faceta de activista política, mientras colaboraba con publicaciones obreras y panfletos en favor de los derechos laborales de las mujeres. En 1947 se casó con Carl Friedan, un productor teatral y publicista con el que tuvo dos niños y una niña. Si bien durante los primeros años de su maternidad continuó trabajando, cuando la pareja decidió mudarse a Rockland County, en las afueras de la ciudad, se convirtió en ama de casa a tiempo completo y en colaboradora freelance de algunas revistas femeninas. Con motivo del decimoquinto aniversario de su graduación, asistió a una celebración organizada por el Smith College, en la que realizó una encuesta a sus excompañeras de clase para conocer distintos aspectos de sus vidas y los cambios que habían experimentado desde su salida de la universidad. Las respuestas de estas mujeres privilegiadas, con altos niveles de estudios y familias «perfectas», la sorprendieron; en su gran mayoría habían abandonado sus carreras para dedicarse por completo a sus roles de madres y esposas, pero a pesar de tenerlo aparentemente todo, sentían una gran insatisfacción interior combinada en muchos casos con un sentimiento de culpa, ¿cómo no estar agradecidas y felices? En cierto sentido, Friedan se vio reflejada en ellas, recordando también la experiencia vivida por su progenitora, y decidió extender la encuesta a generaciones posteriores de graduadas, descubriendo que la frustración se repetía, ya que seguían renunciando a desarrollar su identidad personal, su propio yo, para cumplir con las expectativas convencionalmente impuestas. Dado que era un malestar sentido por tantas mujeres, pero del que no se atrevían a hablar abiertamente, lo llamó «el malestar sin nombre», un estado mental y emocional de agria complacencia, una sensación de falta de aire y de perspectivas.

mistica 300Cuando la información recabada tomó forma de artículo periodístico, la escritora lo presentó en distintas revistas femeninas para su publicación. La respuesta de todas fue negativa, puesto que el descubrimiento que se estaba desvelando representaba un acto revolucionario en esa época, al cuestionar la popular noción de feminidad que solía protagonizar las páginas de ese tipo de publicaciones. Fue entonces cuando contactó con su agente proponiéndole utilizar ese material para escribir un libro, y así consiguió que la editorial Norton le pagara un adelanto de $1000. Su proyecto inicial era acabar el trabajo en un año, pero pasarían otros cuatro más antes de que La mística de la feminidad viera la luz. Realizó una investigación profunda, llevando a cabo más trabajo de campo, con entrevistas a vecinas de barrios residenciales. Analizó cómo habían cambiado las heroínas estadounidenses en las últimas décadas, revisando artículos de distintas revistas dirigidas a mujeres y confirmando que ya no se trataba de perfiles empoderados: en 1939 dominaba la imagen de una mujer aventurera y autosuficiente, con metas personales y profesionales; en 1949 esta imagen se iba difuminando y solo una de cada tres tenía una carrera, aunque siempre dispuesta a dejarlo todo para lograr la mayor satisfacción que brindaba una vida hogareña; y en 1959, el perfil inicial había desaparecido por completo, ya que la única ocupación deseada era la de ama de casa. Intercambió opiniones con especialistas terapéuticos, quienes solían recomendar a sus depresivas pacientes centrarse en la vida matrimonial, para seguir su destino más apropiado, viendo su frustración como un trastorno inherente a la condición femenina. La autora rebatió con firmeza esta lectura de la situación, demostrando que el hastío sentido por sus coetáneas era un problema estructural, que las convertía en poseedoras de una identidad impuesta, aludiendo al concepto de hetero designación, que Simone de Beauvoirya había teorizado exhaustivamente en El segundo sexo (1949).

Con un análisis certero y rotundo del modelo femenino avalado por la política y sociedad de la época posbélica, el libro se convirtió en un bestseller desde su publicación en 1963, valiéndole a su autora, un año después, el premio Pulitzer y traspasando fronteras, al ser traducido a trece idiomas diferentes. Si bien Friedan fue atacada por algunos sectores que la acusaban de querer destruir a la familia como institución y de ser una enemiga de la maternidad, incluso las revistas que habían rechazado su artículo, ahora publicaban extractos del libro. En su denuncia del «malestar sin nombre», daba voz a la insatisfacción que durante tanto tiempo habían experimentado, en soledad, miles de mujeres impelidas a renunciar a su individualidad, desmontando a su vez la tradicional concepción esencialista y mística de la feminidad, personificada a la perfección en el estereotipo del «ángel del hogar».Establecía un claro contraste entre las imágenes idílicas que se proyectaban en los medios y una triste realidad en la que muchos de esos «ángeles» veían las alas de su realización personal cortadas y calmaban su depresión con Valium, pastilla cuyo consumo se disparó, siendo publicitada como «el ayudante de las madres» e inspirando incluso la canción Mother´s Little Helper de los Rolling Stones. Insistía en la necesidad de un cambio profundo en la concepción cultural que se tenía sobre la mujer, para que esta pudiera desarrollarse como ser humano con plena capacidad de elección, pudiéndose definir a sí misma como persona independiente más allá de su rol de madre o esposa, sin sentirse culpable o egoísta por tener metas propias. En análisis posteriores, el libro ha sido criticado por concentrarse en un perfil muy específicode mujer blanca de clase media, pero sin duda fue clave en la difusión de una conciencia colectiva sobre el papel de la mujer en la sociedad y ayudó a estimular la denominada Segunda Ola Feminista. Friedan continuó escribiendo y desarrollando su activismo político, siendo cofundadora en 1966 de una de las mayores organizaciones feministas de Estados Unidos, la Organización Nacional de Mujeres, conocida por sus siglas en inglés NOW.

 

Bibliografía

BLAU, Justine (1990) Betty Friedan. New York: Chelsea House.
FRIEDAN, Betty (2010) The Feminine Mystique. UK: Penguin Modern Classics.
MELTZER, Milton (1985) Betty Friedan: A Voice for Women´s Rights. New York: Viking Kestrel.
SENKER, Cath (2015) Stories of Women in the 1960s. Fighting for Freedom. Chicago: Heinemann-Raintree.

 

 

fernanda balanger 375oFernanda Balangero Musso
Argentina, 1976. Traductora, investigadora, ensayista y editora. Graduada en Estudios Ingleses en la UNED (Madrid) y colaboradora de Aurora Boreal®.

Material enviado a Aurora Boreal® por Fernanda Balangero Musso. Publicado en Aurora Boreal® con autorización de Fernanda Balangero Musso. Fotografía Fernanda Balangero Musso © archivo personal. Fotografía Betty Friedan enviada a Aurora Boreal® por Fernanda Balangero Musso y tomada de internet. Carátula de La mística de la feminidad enviada a Aurora Boreal® por Fernanda Balangero Musso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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