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Entre el mito y la historia, una nueva literatura asoma

karina pacheco 256Entrevista con Karina Pacheco Medrano



Karina Pacheco Medrano (Cusco, 1969) es doctora en Antropología de América y experta en Desigualdad, Cooperación y Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid. Como escritora, en 2006 publicó su primera novela, La voluntad del molle, que ha sido reeditada este 2016 por el Fondo de Cultura Económica; el año 2008 ganó el Premio Regional de Novela del Instituto Nacional de Cultura de Cusco con No olvides nuestros nombres; en 2010 publicó la novela La sangre, el polvo, la nieve, así como su primer libro de cuentos, Alma alga. En 2012 publicó Cabeza y orquídeas, obra ganadora del Premio Nacional de Novela Federico Villarreal 2010. El año 2013 publicó el libro de cuentos El sendero de los rayos y la novela El bosque de tu nombre, y en 2015 una antología de sus cuentos, Miradas. Dirige Ceques Editores, editorial independiente especializada en narrativa, historia y antropología andina.

 

 

Carlos Villacorta: Ricardo Piglia menciona en La Forma inicial (2015) que la literatura es ante todo una máquina de representaciones e interpretaciones. En tus novelas, existe una preocupación por retratar o representar el Cusco no solo de hoy sino del último siglo. ¿Cuál fue el reto en términos de ficción, es decir en cuánto una búsqueda del lenguaje para el fondo de tus novelas?

Karina Pacheco: El Cusco es un espacio donde la historia está muy presente, tanto por la gran cantidad de monumentos incas, pre-incas y coloniales que alberga, porque ha sido escenario de continuos movimientos sociales, como porque en la cultura local (cusqueña y andina en general) la historia oral sigue siendo un elemento vivo. Pero más allá de ese Cusco tradicional y típico retratado en postales, está el otro Cusco en cambio social continuo, sumamente cosmopolita, que además tiene un lado poco sacro, más bien caótico, sucio y dionisíaco. Y la mayoría, dentro y fuera del Cusco, quiere quedarse con la visión de la postal. Entonces, desde la ficción hay por un lado un aliento para desentrañar momentos históricos que cuentan tremendas cosas de lo que fuimos, de lo que heredamos, pero también hay mucho por abordar sobre esos aspectos sórdidos, algunos descubiertos a través de historias orales íntimas; todos ellos mueven las micro y macrohistorias. Para mí, que vengo de una formación en antropología e historia, un reto persistente es cómo representar en ficción aquello sin rendirme al lenguaje más explicativo y riguroso de las Ciencias Sociales, cómo dar fuerza propia a la ficción con ese lenguaje literario que sin contar ni explicar los hechos concretos sugiere lo esencial, lo hermoso, lo sórdido.

CV: Esto que mencionas es importante porque esta cartografía de micro-macro historias sobre Cusco es novedosa para los lectores peruanos y extranjeros. Pienso especialmente esto a raíz de la reedición de tu novela La voluntad del molle, que ha sido muy bien recibida en nuestro medio y que también nos narra los cambios sociales de la ciudad cusqueña y cómo estos tienen un impacto en las familias que viven allí.


voluntad  molle:350KP: En los aeropuertos y en las pocas librerías del centro del Cusco abundan libros sobre el Cusco de postal, enfocados en sus lados turísticos o en historias que venden mucho poniendo en relieve imágenes exóticas, coloridas y new age, que se quedan en la superficialidad. Allí apenas encuentras algunos libros fundamentales de historia o literatura peruana. En el imaginario del visitante y del propio lector local, esto refuerza la idea de un Cusco “típico”, únicamente bello e interesante por su pasado y sus montañas (ni siquiera la selva, que ocupa la mitad de nuestro territorio, aparece en ese imaginario); aunque en la realidad de esta región, como en tantas otras del mundo, en el día a día laten muchas otras lógicas, historias y tensiones, algunas que le son muy particulares (como sus conflictos entre modernidad y tradición, o la vigencia de la memoria oral) y otras que expresan cuestiones más universales como el arribismo, el machismo y el racismo, los secretos familiares, las crueldades ostensibles y sutiles, como también la búsqueda de identidades y verdades. Explorar en ello me parece sin duda más interesante y desafiante, porque implica tallar sobre situaciones más complejas, más cotidianas, que muchas veces observo o he vivido de muy cerca.

 

CV: En este mismo punto sobre representaciones, se ha mencionado cierto lenguaje poético en tus textos. Esto me llama la atención pues la mayoría de los narradores peruanos no incorpora, posiblemente tampoco saben cómo, un trabajo del lenguaje más allá del mero descriptivo. En tus novelas, se puede notar una incorporación tanto de la musicalidad de las palabras como de la música en sí misma. Concretamente, tantos los cantos como los instrumentos musicales son parte de la materia de tu ficción, como en los cuentos “El violinista de las montañas” o como el personaje de Giralda en La sangre, el polvo, la nieve.


KP: Quizás esto venga de las lecturas y contemplaciones. Aunque no escribo poesía, ni me atrevería, gozo leyéndola. Hay en la gran poesía, así como en la observación de la naturaleza, un lenguaje radical, esencial, ese que te atraviesa de arriba hacia abajo, como también el hallazgo continuo de metáforas y sugerencias. Ahora mismo que escribo estas respuestas me encuentro en un noveno piso de una avenida cargada de tráfico en hora punta y me sorprende cómo, posiblemente de los árboles de las calles transversales, llega hasta aquí tan alto como las bocinas el canto persistente de los pájaros. El otro día los vi desde la calle, son enteramente negros (no son cuervos, son mucho más pequeños). No sé si es la proximidad de la primavera la que alienta ese canto. En cualquier caso, estos paisajes y sonidos de lo cotidiano sugieren reflexiones, otras imágenes, preguntas, y ello, cuando escribo cuentos y novelas, supongo que se filtra en lo que va saliendo. Sobre la presencia de la música, esto debe venir de mis deseos incumplidos. Me hubiera encantado tocar algún instrumento, de niña soñaba con el piano, luego intenté varias veces con la guitarra y me quedo siempre boquiabierta con los violinistas. Supongo que no hubo ni la oportunidad, ni la paciencia, ni el don para desarrollar esos deseos, así que me contento oyendo diversidad de músicas. Casi siempre hay fondos musicales cuando escribo. Mirando hacia atrás, me doy cuenta que en el caso de mis novelas, cada una ha tenido melodías y discos particulares que me han acompañado continuamente en el proceso de su escritura. Eso no ha sido buscado, sencillamente esa música era parte de las circunstancias y apetencias de esos periodos.

 

CV: ¿Recuerdas algún soundtrack particular para alguno de tus libros?

 

KP: ¡Sí! Claramente recuerdo mucho fado (especialmente en la voz de Amalia Rodrigues, Mísia y Dulce Pontes) mientras escribía La voluntad del molle; varios discos de Luis Eduardo Aute y Entre línies de Marina Rossell con No olvides nuestros nombres; bossa nova, las cantatas de Bach y las Canciones de medicina de Alonso del Río mientras investigaba y escribía sobre la violencia en Guatemala para El bosque de tu nombre; y más recientemente, en la escritura y revisiones de mi última novela (aún sin publicar), me han acompañado una y otra vez Mare Nostrum y El cant de la sibilla de Jordi Savall, boleros de Javier Solís y todo Sui Generis.

 


karina pacheco 376CV: Vuelvo al tema de la música ahora que a Bob Dylan se le ha otorgado el Nobel de Literatura.


KP: Creo que debería haber un Nobel específico para las Artes, que incluyera Pintura, Danza, Música, Arquitectura, porque hay creadores geniales en estas áreas cuyos trabajos muchas veces pasan desapercibidos para el gran público. Un premio de ese nivel abriría la posibilidad de descubrirlos, revisarlos, ampliar la mirada hacia ellos. Allí entraría perfectamente ese premio mayor a Dylan, como también a otros grandes creadores que no reciben ese reconocimiento mundial porque están fuera de los campos más específicos del Nobel (Física, Química, Medicina, Literatura y Paz). De mi parte, yo le hubiera dado un Nobel a Oscar Niemeyer, Zaha Hadid o Le Corbusier en arquitectura; o a Jordi Savall, Milton Nascimento o Glen Gould en música; esto por poner solo unos ejemplos de gente brillante con trabajos que nos hacen la vida sublime o mejor a millones y que no están reconocidos con esa categoría de “Nobel”. Así también, debería haber un Nobel en Humanidades que incluyera a creadores/as cuyos trabajos en Filosofía, Ciencias Sociales, Medioambiente o Historia suponen inmensas colaboraciones para la humanidad y que también quedan poco conocidos o reconocidos por el gran público.

 

CV: ¿Eres lectora de poesía?


KP: Sí. No escribo poesía ni me atrevería, pero disfruto mucho de su lectura. Es un regalo cuando descubro un/a autor/a que desconocía y cuyas palabras me resultan afiladas e íntimas. Recuerdo, por ejemplo, cómo me impresionó Las moras agraces de Carmen Jodra Davó, una genialidad venida de una autora jovencísima que tenía este como su primer libro. Igual me ocurrió con Miquel Martí i Pol, a quien comencé a leer cuando llegó la noticia de su muerte en 2003, y con ella una renovada atención a su obra. Me fascinó. Desprès de tot (Después de todo) es una joya. Más recientemente, me ha ocurrido con Enemigo de José Carlos Agüero, a quien conocía y apreciaba por su libro de memorias-reflexiones Los rendidos y por sus trabajos en derechos humanos. Ese poemario es tremendo, y es una muestra de cómo la buena poesía alcanza honduras mayores respecto a lo que normalmente ofrecen relatos/discusiones de las Ciencias Sociales o la Narrativa.


CV: Tu novela Cabeza y Orquídeas se contrapone a las demás porque fue tu primera novela ambientada en Lima. Sin embargo, en ella también hay un desarrollo de la historia enfocada en el personaje femenino, en este caso, una joven que llega a la mayoría de edad y descubre un misterio familiar terrible. Esto es interesante porque buena parte de tu ficción se centra en la construcción del sujeto femenino, ya sea las hermanas Elena y Elisa en La voluntad del molle o Giralda en La sangre, el polvo, la nieve entre otras. ¿Es la subjetividad femenina un enfrentamiento familiar? Es decir, ¿se completa la identidad femenina al develar un secreto familiar?


KP: Creo que las identidades, femeninas o masculinas, se van construyendo. Nacemos con algunas características esenciales muy particulares, pero mucho de lo que creemos ser viene de lo que nos enseñan (padres, sociedad, escuela) como modelos adecuados de pensar, creer e incluso sentir; aunque siempre hay algo que escapa a lo que se nos enseña, y escapa más cuanto más nos sobrevuela una censura, una opresión sentida, o secretos y silencios que se expresan en gestos, miradas, frases incompletas. Si nos damos cuenta de esto, podemos lanzarnos a descubrir qué es lo que verdaderamente somos o deseamos, podemos ser más libres para indagar en lo callado, prohibido u oprimido; o podemos quedarnos acomodados a lo que nos han enseñado a ser aunque nos cause diverso tipo de malestares. Cuando se entra a indagar en lo menos visible de lo que somos o nos rodea, hay algo en nosotras que se completa, algo que nos ofrece un mejor entendimiento de las cosas, aun cuando el proceso de develamiento pueda ser doloroso y confuso. Son temas que he visto a lo largo de mi vida y que aparecen recurrentes en mis novelas.

 


alma algaCV: Como antropóloga has mencionado el valor de la mitología para entender la complejidad de las sociedades humanas. Pero mi pregunta no va tanto por el lado del uso del mito en tus cuentos, como en el excelente cuento “Piel de oso”, sino más bien en el uso de la Historia. Se siente en tus novelas una trama que necesita de una mirada amplia e histórica para resolver un evento del presente: ya sea la muerte de los jóvenes en La sangre, el polvo, la nieve o la guerra en El bosque de tu nombre. ¿Cómo ves esta relación entre historia y mito en tu obra?


KP: Soy consciente de que la historia ha sido un escenario activo en mis novelas (quizás donde menos aparece es en Cabeza y orquídeas, que es la más breve). Supongo que esto se debe a mi gusto por la historia, así como por mi predilección por novelas que me ofrezcan un retrato social que va más allá de la trama que envuelve a sus protagonistas; de hecho, muchas veces ese retrato ayuda a adentrarse más a fondo en la trama más íntima o privada que se esté desarrollando. Ha sido en los cuentos donde he podido explorar o dar vuelta de tuerca a mitos o elementos míticos que me resultan inquietantes, o de una belleza fulgurante que no permite ser vista de manera directa. Los mitos tienen una potencia simbólica inmensa, puedes leerlos con diferentes lentes y hallarles diferentes significados. En la novela que estoy terminando de escribir-revisar (por quinta vez) es la primera vez donde lo mítico toma una presencia notable y me he sentido muy cómoda. Antes, trabajar las largas distancias (novela) en estilo realista me daba cierta seguridad, sentía que incluir elementos mitológicos podría quitarle fuerza y “verdad” a una larga ficción, pero esta vez los elementos míticos se trenzaron muy bien con la trama íntima de los personajes y con los de la historia mayor.

 


CV: Ya que hemos tocado el tema de la antropología, es inevitable pensar en José María Arguedas como el otro escritor peruano que no discrimina un trabajo del otro. ¿Es este tu caso? ¿Cómo ayuda a tu ficción la antropología? Y por supuesto, el otro lado de la moneda es ¿cuándo esta ciencia no permite alcanzar el objetivo de contar una ficción?


KP: Varias veces he comentado con amigos que probablemente no podría ser escritora, o no escribiría lo que escribo, si no hubiera pasado por la antropología. Ya que anteshemos hablado de la construcción de identidades, me doy cuenta de que mi yo más básico necesitaba como el aire sumergirse en la historia, en la investigación de campo con gente “común y corriente”, en ese desafío de traspasar nuestras fronteras individuales, sociales y culturales que supone la antropología. Mi imaginario se enriqueció mucho con esta carrera. Más adelante, muchos de los enfoques de la antropología me han sido muy útiles a la hora de escribir literatura. Por ejemplo, la exigencia de tomar conciencia de nuestros prejuicios a la hora de analizar al otro; la persistencia por tratar de ponerte en sus zapatos antes de cuestionarlo o interpretar sus acciones e ideas desde los tuyos. El método antropológico también apunta la necesidad de atender a los pequeños detalles, a los silencios, a lo no dicho, y eso, en literatura, es también muy importante. También hay otro desafío tenaz de la antropología: rigor para presentar hechos tal como son y no tal como quisiéramos. Intento que el estilo académico no pese mucho mientras escribo ficciones, pero me resulta inevitable pasar días, semanas y a veces meses tratando de conocer a fondo o empaparme de la historia que rodea a los personajes, es un esfuerzo placentero, debo decirlo, que luego me da más seguridad al esbozar el escenario de ficción.
Con respecto a la segunda pregunta, así como en un momento de mi vida necesitaba sumergirme a fondo en la antropología para sentirme plena, empezó a llegar otro en que la redacción de artículos, tesis y ensayos en clave académica antropológica me empezaba a afligir, me sentía dentro de un corsé, imagino que era toda la literatura bebida que buscaba hacerse presente en mi vida. A ello se añade que las novelas y cuentos tienen una capacidad de diálogo sumamente rico con una variedad y cantidad mucho mayor de lectores, mientras los textos académicos, con excepciones, restringen su diálogo a un público especializado.

 

CV: Borges mencionó en uno de sus textos sobre Kafka que “cada escritor crea sus precursores” en la medida en que “su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro”. ¿Quiénes dirías que son aquellos escritores que han modificado tu percepción del mundo y, quizás, inspirado a escribir?


KP: En un primer momento D.H. Lawrence, me acerqué a El amante de Lady Chatterley con doce o trece años, buscando un libro que tenía fama de haber sido prohibido, y fue al avanzar en su lectura que me encontré con la literatura, es decir, no con la historia tórrida de dos amantes, sino con el alma profunda y desafiante de esos dos personajes, y podía verlos, casi tocarlos y sentirme parte de esa historia donde el bosque, el viaje, la sensualidad, la libertad, la búsqueda son elementos esenciales (en la memoria guardo como fundamental una frase de Mellors, el guardabosque: “Experimentaré de todo en mi vida, para que al morir, en el último viaje, mis noches no estén llenas de arrepentimiento”). También de adolescente, otro autor que me inspiró fue García Márquez con Cien años de soledad. Me cautivó y pasé a devorar cada libro que de él llegara a mis manos. Creo que el siguiente fue Crónicas y reportajes e igual me dejó deslumbrada. Pienso que de aquel realismo mágico único y original de GGM, quizás lo más mágico es la manera cómo encendió el ánimo de tantos millones de gentes, con qué fuerza alentó nuestro amor por la lectura. Marguerite Yourcenar y Stefan Zweig son dos autores que conocí más adelante y que han sido referentes profundos, lecturas a las que siempre vuelvo. En ambos me fascina esa capacidad para viajar en persona, así como en ficciones y ensayos, por la historia y las geografías más diversas, esa exploración que hacen en el alma humana, en nuestras luces y sombras como humanidad, con un aliento poético preciso, aun cuando puedan estar relatando situaciones atroces, como ocurre en esa biografía imprescindible de Zweig (tan vigente), El mundo de ayer o en su ensayo Castelio contra Calvino. Y en el caso de Yourcenar, mencionaría en particular la maravillosa exploración, recreación e invención de mitos que ofrecen sus Cuentos orientales.
Más allá, algo que desde la infancia ha sido siempre un motor de vuelo e inspiración son los mitos y leyendas del mundo. A los seis o siete años empecé con una colección titulada Fabulandia, que recogía cuentos, mitos y leyendas antiquísimas de los cinco continentes, relatos poco conocidos (no los clásicos cuentos infantiles, sino algunos más extraños y poco o nada conocidos) acompañados por unas ilustraciones que parecen obras de arte. Creo que por esa influencia estudié antropología y por ella misma, en literatura, sobre todo en muchos de mis cuentos, hay esa inclinación por incluir elementos míticos y legendarios.

 

CV: Ya que lo has mencionado, ¿esta nueva novela tiene fecha de salida?


KP: Espero que salga en 2017. Desde que terminé de escribir el primer borrador, hace casi dos años, le he dado varias vueltas, recortes, ampliaciones y revisiones. Espero que en cuanto concluya esta última revisión, esté madura como para pasar a la fase de edición-publicación. Es una novela que viaja por la selva del norte y del sur, indagando en restos arqueológicos y el fin de la inocencia, así como en las historias irresueltas que heredamos de nuestros antepasados.

Cusco-Lima-Maine, octubre de 2016

 


carlos villacorta 250Carlos Villacorta. Perú (1976). Ha publicado los poemarios El grito (2001), Tríptico (2003) y Ciudad Satélite (2007). Sus poemas y cuentos han aparecido en antologías como Hostos Review: Peruvian writers in the United States 1970-2005, Cutbank magazine, entre otras. El 2014 publicó su primera novela Alicia, esto es el capitalismo. Ha co-editado diversas antologías de poesía. Actualmente es profesor de Literatura latinoamericana en la University of Maine.

 

 

Entrevista enviada a Aurora Boreal® por Carlos Villacorta Gonzáles. Publicada en Aurora Boreal® con autorizaciónde Carlos Villacorta Gonzáles. Carátula de la Voluntad del molle © Fondo de Cultura Económica, cortesía de Carlos Villacorta Gonzáles. Foto Karina Pacheco Medrano © Erika Chavez. Foto Carlos Villacorta © Carlos Villacorta.

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